27/1/09

Playing safe.




Dejo la tele prendida con el sleep programado para dos horas. Doy vueltas, hace mucho que no duermo bien. Pienso en el pasado y trato de no pensar en el futuro porque me da escalofríos, tanto como el espejo que está enfrente de mi cama. Me está ganando el sueño pero quiero ver el final de CSI, me imagino qué pasos seguiré yo el día en que me decida a matar a alguien. Sin darme cuenta me quedo dormida. Maldita sea, tendré que ver la repetición el domingo nomás pa saber en que acaba. Y así, no sé cómo, empiezo a soñar que me encuentro una caja con dos gatitos abandonados y que les tengo que dar de comer cada tres horas. Los gatitos maullan y juegan y yo me despierto de pronto para ver los rasguños que me quedan en los brazos y comprobar, así entre sueños, que siguen ahí mientras pido que nunca se me caigan las costras o que al menos me queden las cicatrices para recordar otra de mis pérdidas, la más reciente y de las que más han dolido. La tele sigue prendida, el sueño no debe de haber durado tanto como yo creía. Doy vueltas, enredo las sábanas y me quedo dormida de nuevo. Esta vez sueño que sueño con mi abuela muerta, y en mi sueño les cuento a todos que la he soñado otra vez, que ha venido a visitarme y que no me ha dejado sola todavía. Y mientras en mi sueño les cuento, lloro. Y me despierto de nuevo pero ahora con lágrimas en los ojos que me limpio con la mano mientras trato de acomodarme en la cama; tengo el brazo derecho medio torcido. Esta vez no me vuelvo a dormir tan fácil: me duele el pecho, estoy cansada, ya van varios días y Obama todavía no salva al mundo. Y como en la noche todo se ve más oscuro y más difícil, me agobian los recuerdos que me esperan en cada esquina, en cada rinconcito del cuarto. Hace unos días sus ronrroneos no me hacían sentir tan sola. Necesito un lugar nuevo que pueda hacer mio, aquí nada es mio ya, hasta salir a la calle me da miedo, no me gustan mis historias más recientes. Dónde está la vida que me prometieron una vez hace mucho, dónde está mi destino, dónde exactamente, en qué camino, fue que se me perdieron las ganas?... Bueno, por lo menos ahí está de nuevo el sueño venciendo todos esos pensamientos. Así es como siento claritito el beso lento de Ed Westwick en el piso alfombrado de un avión que nos lleva a un lugar desconocido, pero por lo menos sus labios prometen que será mejor que todo lo que dejo atras... Ojalá durara para siempre pero la costumbre me despierta a las 7:30 en punto. La luz me golpea los ojos, ya no es necesario despertarse tan temprano. Extraño sus patitas gordas y sus ojitos que se iluminaban al verme todas las mañanas. Lloro quedito y me enojo. Me enojo con la vida porque últimamente me ha quitado a la fuerza todo lo que era sólo mio. Un día más, anda, sonríe para que nadie te pregunte nada, es más fácil no llorar cuando tienes la boca cerrada. Doy otra vuelta, me caga que las sábanas se hagan bolas, mejor prendo la tele de nuevo aunque sólo haya infomerciales. Y el espejo enfrente de mi cama me condena con dos ojeras enormes y un par de ojos hinchados que a ver al rato cómo escondo. Estoy harta de todo. Pero hoy, la culpa de mi insomnio la tendrá la pata rota de la cama, o tal vez los resortes del colchón incómodo.

Y como siempre porque es más fácil, todo mundo (hasta yo), decidirá que esa será la verdad que hay que creer, porque creyéndola no pasa nada.


5 comentarios:

Miss Mac Lovegood dijo...

:__________________(

Yo también sigo con ese sentimiento de "no pertenencia"...

Y eso de no poder dormir es horrible... te comprendo.

Amo tu escrituraaaa!!!

Kvvanchai dijo...

Marmota... ¿es sólo una histora, verdad? ¿¿VERDAD??

Andrea dijo...

Miss Mac: Quee se puede hacer con ese sentimiento?... Cómo se quita?... Es horrible no dormir. Pero muchas gracias por lo que dices!! :D Espero me sigas leyendo!

Kvvanchai: Desgraciadamente... no :(

chokö dijo...

hay que irnos para poder tener un buen pretexto para regresar de vez en cuando. Y sobretodo hay que irse porque sòlo asì se aprenden tantas cosas que quedandote jamàs conocerìamos.

Andrea dijo...

Hay que irnos para aprender a extrañar, también...